Investigación CNN una mirada a las mujeres que viven bajo el régimen talibán en Kabul


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La Corresponsal Internacional en Jefe de CNN, Clarissa Ward, habló con mujeres y niñas de todo Afganistán mientras regresan al trabajo y a la escuela desafiando a los talibanes, más de un mes después de que el grupo militante llegara al poder y una vez más reclamara a Afganistán como su emirato islámico.


A principios de mayo, Atifa Watanyar estaba en la entrada de la escuela Sayed Al-Shuhada, en las afueras de Kabul, y vio una explosión frente a la puerta principal. Mientras sus estudiantes pasaban apresuradamente a su lado, tratando de escapar al polvoriento patio de abajo, una segunda y luego una tercera bomba detonaron, matando al menos a 85 personas, muchas de ellas adolescentes.


Solo unos meses después, Watanyar está parada en la misma entrada antes de que comience su lección. Las jóvenes estudiantes llegan al pasillo, sus voces resuenan en una pared pintada con un mural que dice "el futuro es más brillante”.

"¿Qué deberíamos decir? Todos los días veo talibanes en las calles. Tengo miedo. Temo mucho a esta gente", dijo.

Los talibanes ahora han prohibido efectivamente a las estudiantes ser parte de la educación, al ordenar que las escuelas secundarias vuelvan a abrir solo para los niños. El grupo dijo que necesitaba establecer un "sistema de transporte seguro" antes de que las niñas de sexto a duodécimo grado pudieran regresar. Pero los talibanes dieron una excusa similar cuando llegaron al poder en 1996. Las estudiantes nunca regresaron a clases durante su mandato de cinco años.

Al no poder enseñar a sus estudiantes mayores, Watanyar ahora se enfoca en las niñas más pequeñas, asegurándose de que al menos dentro de su salón de clases, todavía haya espacio para soñar.

"¿Qué debemos hacer? ¿qué debemos hacer? Es justo lo que podemos hacer por nuestros hijos, por nuestras hijas, por nuestras niñas," dijo.

Sanam Bahnia, de 16 años, que resultó herida en el ataque terrorista, fue lo suficientemente valiente como para regresar a clase.


"Una de mis compañeras, que fue asesinada, era alguien que realmente trabajó duro en sus estudios - cuando escuché que ella fue martirizada, sentí que debía regresar y estudiar, por la paz de su alma, debía estudiar y construir mi país, para que yo pueda hacer realidad sus deseos y sueños,” dijo.


Pero la capacidad de Bahnia para cumplir con ese compromiso está en serias dudas. Ahora que los talibanes no le han permitido asistir a la escuela, lee su libro de texto en un rincón de su casa. Su materia favorita es biología, pero dice que ya no se le permite soñar con ser dentista.

Su desafío ante los múltiples ataques a su futuro está pasando factura.

Su voz vacila cuando comienza a llorar, diciendo: "Los talibanes son la razón de mi estado actual. Mi espíritu se ha ido, mis sueños están enterrados”.


El asalto continuo de los talibanes a las mujeres es visible en toda esta ciudad. En algunos casos, los militantes han ordenado a las mujeres que abandonen sus lugares de trabajo y cuando un grupo de mujeres protestó por el anuncio del gobierno exclusivamente masculino en Kabul, los combatientes talibanes las golpearon con látigos y palos.


En las calles del barrio de Khair Khana, en el noroeste de Kabul, persisten las consecuencias de una reciente protesta de mujeres. En casi todos los salones de belleza, se han desfigurado imágenes de rostros de mujeres. Algunos fueron rápidamente pintados con aerosol negro, otros completamente borrados.


Dentro de uno de los salones, las mujeres tienen demasiado miedo de dar sus nombres. Dicen que los talibanes ahuyentaron a las manifestantes, antes de decirles que quitaran las imágenes de las mujeres, se pusieran burkas y se quedaran en casa.

Aún así, a pesar de las notables probabilidades, las activistas de Kabul continúan organizándose y manifestándose.


El jueves pasado, solo un puñado de mujeres manifestantes fueron recibidas por una unidad talibán completa. Justo cuando las mujeres sostenían carteles que decían: "La educación es identidad humana" y "No quemen nuestros libros, no cierren nuestras escuelas", camionetas militares descendieron a su esquina de protesta.


Los combatientes talibanes les arrancaron los carteles de las manos cuando una ametralladora montada disparó una ráfaga de advertencia que hizo correr a espectadores y periodistas.

El jefe de los servicios de inteligencia de los talibanes en Kabul, Mawlavi Nasratullah, dijo que las mujeres no tenían permiso para protestar.


Cuando Ward le preguntó por qué un pequeño grupo de mujeres que pedían sus derechos a la educación lo amenazaba tanto, Nasratullah respondió: "Respeto a las mujeres, respeto los derechos de las mujeres. Si no apoyara los derechos de las mujeres, no estarías de pie aquí”.

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